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Jueves, 24 de octubre de 2013   |  Número 17
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actualidad
CARACTERIZADO POR IRRITABILIDAD, ANSIEDAD, TENSIÓN Y DEPRESIÓN
Un estudio resalta la importancia de los cambios hormonales en el trastorno disfórico premenstrual
Aunque es hereditario, no se ha asociado a ningún marcador genético

Redacción. Barcelona
Mejorar el conocimiento sobre el papel de las hormonas sexuales femeninas en los síntomas del trastorno disfórico premenstrual (TDP) puede arrojar luz sobre las complejas interacciones entre estas hormonas y el ánimo, y ayudar a explicar el aumento de los trastornos del ánimo en mujeres.

Inger Sundström Poromaa.

A la mayoría de las mujeres no les afectan los cambios hormonales del ciclo menstrual, sin embargo, aproximadamente el 20 por ciento experimenta el síndrome premenstrual o el trastorno disfórico premenstrual, que es una forma más severa del síndrome premenstrual. Este último afecta aproximadamente al 5 por ciento de las mujeres en edad reproductiva, y se clasifica como un trastorno del ánimo caracterizado por incapacidad funcional o estado depresivo, y síntomas físicos en la fase lútea del ciclo menstrual (la segunda mitad del ciclo). Los síntomas mejoran después del comienzo de la menstruación, y no se dan en la semana post-menstrual. Los síntomas más característicos son las fluctuaciones del ánimo, la irritabilidad, la ansiedad, la tensión y la depresión.

El trastorno es en parte hereditario, sin embargo, hasta la fecha no se ha asociado ningún marcador genético a este trastorno ni se han encontrado anormalidades en los niveles de hormonas sexuales.

Inger Sundström Poromaa, profesora de Ginecología del Departamento de la Salud de la Mujer e Infantil de la Universidad de Uppsala en Suecia, ha presentado los descubrimientos de sus estudios de neuroimagen en pacientes con TDP en el 26º Congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP). Los resultados muestran que la actividad cerebral durante el ciclo menstrual es diferente entre mujeres sanas y mujeres con TDP, y resaltan la importancia de las fluctuaciones hormonales en este trastorno.

15 mujeres con TDP se sometieron a imagen por resonancia magnética funcional en la última parte de las fases folicular y lútea de su ciclo. Las mujeres completaron un proceso relacionado con el control de la ansiedad. Un total de 14 recibieron la misma batería de test de neuroimagen y los resultados fueron comparados entre los dos grupos.

En concreto, los resultados señalaron que cuando las mujeres con TDP fueron expuestas al proceso emocional, mostraron una mayor activación de la región de la amígdala del cerebro en la fase folicular de la menstruación, relacionada con el grupo de control que mostraba ansiedad comparado con el grupo sano.

El aumento de la activación de la amígdala en respuesta a estímulos emocionales en la fase folicular fue altamente correlativo con las bajas concentraciones de progesterona en esta fase. “Interpretamos que las mujeres con TDP son de hecho hiper-receptivas incluso con bajos niveles de progesterona, y que la amígdala se habitúa sucesivamente al incremento de los niveles de progesterona en la fase lútea.” Sin embargo, en algunas pacientes con el TDP, las respuestas emocionales acentuadas, debido a la activación de la amígdala, también se ven en la fase lútea.

Además, la profesora Sundström Poromaa también ha descubierto que la reactividad de la amígdala en el TDP está influida de diferente manera según el contenido de los estímulos emocionales. Las mujeres con TDP presentaron una sensibilidad creciente de la amígdala a los estímulos sociales en comparación con los no sociales en la fase lútea.

Estos resultados muestran que aunque las mujeres con TDP clínicamente solo tienen ansiedad en la fase lútea, los mecanismos de la ansiedad pueden ser diferentes en las fases lútea temprana y última. “La amígdala se les activa fácilmente una vez que empiezan a incrementarse los niveles de progesterona en la fase lútea temprana. La mayor actividad de la amígdala en la fase folicular puede ser una marca general de vulnerabilidad en las mujeres con TDP”, ha explicado Poromaa.

Por otra parte, los investigadores vieron que las mujeres con TDP que eran portadoras de la mutación genética BDNF Val66Met presentaban una activación menor de la región cortex del cíngulo anterior en la fase lútea, lo que sugiere dificultad del cerebro para controlar la ansiedad.

Según la profesora, su investigación ha mostrado que los trastornos de ansiedad y depresión fueron dos veces más comunes en mujeres, y el trastorno de depresión mayor fue la causa principal de la carga de la enfermedad en 15 de 44 mujeres mayores. “El sesgo por sexo en los trastornos depresivos no es evidente hasta después de la pubertad, y sugiere un posible papel de las hormonas sexuales en la manifestación del incremento del riesgo de estos trastornos en las mujeres”.

“El TDP es un trastorno importante en este contexto porque puede utilizarse para desenredar las complejas interacciones entre las hormonas sexuales y el ánimo, y finalmente ayudarnos a entender la preponderancia de los trastornos del ánimo en las mujeres”, añadió.

La investigación del grupo de Uppsala puede tener también implicaciones en las mujeres con trastornos de ansiedad y depresión que requieren contracepción oral. “Hasta la fecha, se ha puesto poco énfasis en evaluar la mejor contracepción hormonal en mujeres que sufren de trastornos de ansiedad y del ánimo. Los ensayos clínicos en marcha con contraceptivos orales con poca dosis de estrógenos clarificarán su utilidad en las mujeres con trastornos del ánimo”.

Por último, mientras que las mujeres con TDP pueden beneficiarse del tratamiento antidepresivo con serotonina, muchas mujeres interrumpen su tratamiento o solicitan tratamientos que se dirijan mejor a las causas hormonales del trastorno.

 

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